El consumo de sustancias es un asunto de salud, no una falla personal. Hablemos sobre cómo derribar el estigma en la comunidad universitaria.
El consumo de sustancias es una problemática de salud que puede atravesar la vida de cualquier persona, sin distinción de edad, género, contexto social o situación económica. No se trata de una experiencia lejana ni exclusiva de ciertos grupos: puede aparecer en distintos momentos del ciclo vital y afectar tanto a estudiantes, como a docentes y funcionarios, formando parte de realidades muchas veces invisibilizadas.
En nuestra sociedad, existe una fuerte normalización del consumo de alcohol como medio de socialización, celebración o relajación. Algo similar ocurre con el uso de marihuana, que suele estar escasamente problematizado y, en algunos casos, promovido como una forma de regular emociones o aliviar el estrés. A esto se suma la automedicación o el uso inadecuado de fármacos, prácticas que pueden darse en diversos contextos y que también implican riesgos para la salud física y mental.
En el contexto universitario, estos factores se entrecruzan con diversas realidades:
- El estrés académico.
- La presión por el rendimiento.
- La exigencia personal.
- Las expectativas familiares.
- Las propias experiencias de vida.
La etapa universitaria es, para muchas personas, un periodo de grandes cambios, exploración e independencia, pero también de tensiones emocionales. Cuando no existen espacios de apoyo, información clara o redes de contención, estas tensiones pueden intensificarse y generar escenarios de mayor vulnerabilidad.
Hablando del consumo
Es importante recordar que una persona que desarrolla un uso problemático de alguna sustancia sigue siendo una persona íntegra: inteligente, valiosa, digna de respeto y capaz de tomar decisiones. El consumo problemático no define a quien lo vive. Muchas veces, detrás de esta experiencia existe una necesidad no expresada, un malestar emocional o una dificultad para enfrentar ciertas situaciones.
Hablar de lo que está ocurriendo, pedir ayuda y saber dónde encontrar apoyo puede marcar una diferencia significativa, ya que el consumo problemático puede modificarse o incluso dejarse atrás con el acompañamiento adecuado.
Sin embargo, uno de los principales obstáculos para buscar ayuda es el estigma. La carga social asociada al consumo de drogas —incluyendo alcohol y fármacos— lleva a que muchas personas oculten su situación por miedo al juicio, al rechazo o a ser etiquetadas.
Persisten creencias erróneas que reducen el consumo problemático a una “falta de voluntad” o a una decisión personal, desconociendo que los trastornos por consumo de sustancias implican cambios a nivel cerebral que vuelven el consumo compulsivo y difícil de interrumpir sin apoyo profesional.
¿Qué es el estigma?
En sociología, estigma es una condición, atributo, rasgo o comportamiento que hace que la persona portadora sea incluida en una categoría social hacia cuyos miembros se genera una respuesta negativa y se la vea como inaceptable o inferior.
El estigma social según Goffman es el proceso en el cual la reacción de los demás estropea la «identidad normal». Son objeto de estigma social elementos como:
- Las enfermedades mentales.
- Las discapacidades físicas.
- La obesidad.
- El ser hijo ilegítimo.
- La orientación sexual.
- La identidad de género.
- El color y tono de piel.
- La nacionalidad o proclamarse de una cierta etnicidad.
- El vivir en un entorno con índices de criminalidad elevados.
La forma en que una sociedad comunica esto puede favorecer que estas concepciones sean mantenidas o magnificadas, al ser reproducidas. Así, las personas estigmatizadas son empujadas al aislamiento, devaluadas, rechazadas, experimentan discriminación, insultos, ataques e incluso agresiones ; y aquellos que se perciben a sí mismos como miembros de un grupo estigmatizado (lo sean o no), experimentan estrés psicológico.
Entendamos el consumo problemático
No existe una única forma de desarrollar un problema de consumo. Algunas personas pueden presentar conductas más visibles, como episodios de descontrol o conflictos interpersonales. Otras logran sostener rutinas académicas o laborales durante largos periodos, planificando sus consumos y cumpliendo aparentemente con sus responsabilidades. Estas diferencias refuerzan la idea de que no hay un único perfil ni una receta universal para comprender o abordar esta problemática. Cada historia es distinta, y cada proceso de recuperación también lo es.
Si bien algunos comportamientos asociados al consumo problemático pueden generar distancia con el entorno, es fundamental entender que estos no definen a la persona ni son irreversibles. Los cambios cerebrales vinculados a los trastornos por consumo no son necesariamente permanentes. La evidencia muestra que las personas pueden recuperarse, especialmente cuando acceden a tratamientos oportunos, acompañamiento y redes de apoyo comprensivas.
Existen múltiples factores que influyen en la susceptibilidad al consumo problemático, muchos de los cuales están fuera del control individual:
- Aspectos genéticos.
- Factores sociales.
- Elementos culturales.
- Componentes emocionales.
Aun así el consumo sigue siendo visto con frecuencia desde una mirada moralizante. Esto puede generar miedo, enojo o incomprensión, incluso en el círculo cercano, dificultando aún más que la persona se sienta capaz de pedir ayuda.
¿Cómo podemos avanzar en la reducción del estigma?
Los términos cotidianos cargados de prejuicio refuerzan la idea de que el consumo problemático es una elección voluntaria y no una condición de salud que, como tal, se puede tratar. Considerando esto, abordar el consumo únicamente desde una perspectiva punitiva o delictual contribuye a estereotipos que asocian a quienes consumen con peligrosidad o irresponsabilidad, profundizando su marginación. Cuando a esto se suman otros prejuicios —como el género, la orientación sexual, el origen migrante o la situación socioeconómica—, el estigma se vuelve aún más complejo y excluyente.
Comprender que el consumo de drogas puede pasar de una etapa exploratoria a una problemática es clave para la prevención. Pero, sobre todo, reconocer que cuando ya existe un problema, estamos frente a un trastorno de salud resulta fundamental para construir respuestas más humanas y efectivas.
Promover encuentros entre pares, instancias de reflexión y redes de apoyo contribuye no solo al bienestar estudiantil, sino también al desarrollo integral de personas y comunidades más conscientes y solidarias.

Cada persona puede desempeñar un papel en la reducción del estigma y la discriminación de las personas con trastornos por consumo de drogas, desde los profesionales del área de la salud y los investigadores de la adicción, hasta el público en general y quienes se ven directamente afectados por problemas de drogas y alcohol.
Quienes viven un trastorno por consumo de sustancias merecen empatía y respeto, no culpa ni exclusión. Reducir el estigma aumenta las posibilidades de que las personas busquen ayuda a tiempo, sin miedo a perder lo que aman o a ser definidas por una sola experiencia de su vida.
Comprender el consumo como un problema de salud y no como una falla personal es un paso fundamental para construir comunidades universitarias más humanas, informadas y comprometidas con el cuidado colectivo.
Si sientes que tu o alguien cercano tiene un problema y/o necesita ayuda para ahondar en el tema, te recomendamos buscar la ayuda de un profesional de la salud: Puedes acceder a orientación llamando al Fono Drogas 1412 o en el centro de salud más cercano.





















