En Chile, el estigma y las barreras estructurales inciden en la salud mental de quienes viven con VIH. Revisemos cómo la comunidad y las redes de apoyo son clave para sanar y resistir el aislamiento.
En Chile atravesamos una crisis de salud mental que excede el aumento de diagnósticos de ansiedad o depresión. Se trata de un problema estructural: un sistema de salud tensionado, con acceso limitado, escasez de profesionales, financiamiento insuficiente, listas de espera prolongadas y un estigma persistente que desalienta la búsqueda de apoyo.
Esta crisis se profundiza cuando hablamos de personas que viven con VIH. A las barreras estructurales se suman juicios morales, aislamiento social y una relación muchas veces frágil con los sistemas de salud. Todo ello impacta directamente en la autoestima, en el bienestar emocional y en la forma en que las personas enfrentan su diagnóstico día a día.
La Ruptura del Vínculo Colectivo
Históricamente, muchas de estas brechas fueron contenidas desde lo comunitario. Los grupos de apoyo entre pares cumplieron un rol central como espacios de cuidado emocional, intercambio de experiencias y construcción de confianza. Desde allí se promovió la organización social y se hicieron visibles los determinantes sociales que inciden en la salud mental de las personas que viven con VIH.
Sin embargo, en los últimos años se observa un quiebre en este vínculo con las formas tradicionales de participación colectiva.
Factores del Quiebre
La pandemia por COVID-19 marcó un punto de inflexión, resultando en que varias organizaciones que funcionaban en hospitales públicos dejaran de existir, aunque en paralelo surgieron espacios de apoyo virtual que abrieron nuevas posibilidades de encuentro.
Aun así, este cambio no explica por completo la baja adhesión a estructuras colectivas. La falta de tiempo para el activismo, la precariedad del financiamiento y el desgaste acumulado aparecen como factores que se entrelazan y se refuerzan mutuamente.
Lo más preocupante es la creciente automarginación: personas que prefieren no vincularse con otras que viven con VIH por temor a ser estigmatizadas. Esta distancia debilita las redes de apoyo, profundiza el aislamiento y consolida el silencio en torno al diagnóstico, transformándose en un factor que incide directamente en la salud mental.
Estigma y Barreras: La Profundización de la Crisis de Salud Mental
El impacto psicológico de este escenario es claro. Como explica Cristian Ortega, doctorante en Psicología en la Universidad Diego Portales y psicólogo de la Universidad de Concepción, el estigma social asociado al VIH suele internalizarse y convertirse en autoestigma.
Este proceso, señala, es uno de los principales responsables de los malos resultados en salud mental:
“Aparecen pensamientos y creencias ligadas a la contaminación, la suciedad o la culpa, que atentan directamente contra la autoestima y el bienestar emocional”.
Respecto a la no develación del diagnóstico, Ortega advierte que no existe una relación lineal entre visibilizar y tener mejor salud mental. En muchos casos, guardar silencio ha sido —y sigue siendo— una estrategia de sobrevivencia, profundamente condicionada por el contexto y los vínculos. No obstante, cuando la no develación se sostiene en la vergüenza, la culpa o el miedo al rechazo, sus efectos a largo plazo pueden ser particularmente dañinos.
Volver a Apostar por lo Colectivo
Frente a este escenario, los espacios seguros y las redes de apoyo emergen como un factor protector clave. Compartir la experiencia con pares o en comunidades movilizadas permite reconstruir la confianza, fortalecer vínculos y recuperar el sentido de pertenencia.
“El soporte comunitario es fundamental para una vida plena, no solo en el VIH, sino en cualquier experiencia de salud”, subraya el psicólogo.
Abordar el VIH desde la salud mental exige ir más allá del enfoque individual. Implica enfrentar el estigma, reconstruir confianzas y volver a apostar por lo colectivo como un lugar de sostén. En un contexto que empuja al aislamiento, reencontrarnos con otras y otros —desde la escucha, el cuidado y la organización— no es solo una estrategia de apoyo: es una forma concreta de sanar, resistir y sostener la vida en común.
“El contenido expuesto se proporciona sólo con fines informativos y no constituye consejo médico o de tratamiento. Si tú u otra persona que conoces presenta dificultades de salud mental, es importante solicitar ayuda. Encuentra información en la sección: Canales de Ayuda de nuestra plataforma”.
Una reflexión necesaria sobre la construcción de la masculinidad. Revisemos creencias sobre la dominancia y la necesidad de cooperar.
¿Por qué el día del hombre? Desde hace algunos años que el 19 de noviembre se conmemora el día del hombre. Esta ha sido una fecha utilizada, más que para antagonizar con el día de la mujer (08 de marzo), para visibilizar otros modelos de masculinidad y concientizar en torno a la situación específica de los varones.
¿Por qué parece necesario justificar esto en un mundo que parece hecho a nuestra medida?
La Carga de la Masculinidad Tradicional
Cada vez que aparece la posibilidad de pensar la situación de los hombres aparecen voces que buscan, de alguna manera extraña, contrastar dicha situación con las vivencias que viven las mujeres. Los feminismos han visibilizado la opresión estructural de la diversidad de mujeres en el mundo, y pareciese que cuando nos referimos a los hombres ciertas voces quisieran decir “a nosotros también nos matan”, apuntando solapadamente a que los hombres recibiríamos violencias (por parte de las mujeres) en la misma medida.
Los datos, sin embargo, nos muestran cómo este supuesto antagonismo no es más que una lectura dicotómica de la realidad. Si tuviéramos que mirar a algún responsable por la situación de los hombres, tendríamos que apuntar a un solo lugar: nosotros mismos.
Las Estadísticas: Víctimas y Perpetradores
Según datos del MINSAL y del Observatorio de Homicidios, la situación de los varones es compleja. Los mandatos de masculinidad que nos llevan a la necesidad de mostrar fortaleza y autosuficiencia, impiden que muchos hombres soliciten ayuda en salud mental, y puedan encontrar una solución distinta al suicidio.
Algunos datos que reflejan esto son:
La tasa de suicidio en hombres es dos a tres veces mayor que el de las mujeres (MINSAL).
En relación a la violencia, los varones somos los principales perpetradores de actos de violencia en Chile y en el mundo, a la vez que víctimas de estos:
Según datos del Observatorio de Homicidios, en 2023 el 89% de las víctimas de homicidios consumados fueron hombres.
En nuestro país el 91,6% de la población carcelaria son varones.
A su vez, la necesidad de mostrarse en posiciones dominantes, en muchas ocasiones nos llevan a asumir conductas de riesgo que afectan a otros/as/es, así como a nosotros mismos.
No obstante, como demostró el biólogo L. David Mech (1999) en un artículo que desmitificó su propio trabajo anterior, el concepto del “lobo alfa” surgió de observar lobos en cautiverio. Eran grupos artificiales de individuos sin lazos familiares, forzados a competir en un entorno de estrés.
Mech fue claro: extrapolar esa conducta a la naturaleza era “análogo a tratar de sacar conclusiones sobre la dinámica de la familia humana estudiando a los humanos en campos de refugiados”.
La Cooperación es la Regla en la Manada
En la naturaleza la realidad es otra. Las manadas de lobos no son jerarquías de dominación, sino familias. El supuesto “alfa” no es un déspota, es simplemente el padre de la manada, y la estructura se basa en la cooperación y la división del trabajo para cuidar a las crías.
¿Por qué esto tiene relevancia para nuestra reflexión? Los mandatos de masculinidad y la sociedad desigual en la que vivimos construye permanentemente la idea de que los varones tendemos a la competencia, la jerarquía y la agresión, este proyecto tiene sus efectos, precisamente, en los datos observados anteriormente.
Si desde la educación, la salud y la política combatimos la desigualdad material y simbólica que produce estas jerarquías (tanto contra las mujeres como entre los propios hombres), podremos empezar a cambiar estas estadísticas.
El desafío, en este Día del Hombre, es dejar de aspirar a ser el lobo alfa del cautiverio y empezar a ser, simplemente, parte de una manada que se dispone a cooperar y cuidar.
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Afiliarte a FONASA te asegura acceso oportuno a atención médica y protección financiera ante enfermedades o accidentes. Descubre los beneficios y cómo inscribirte.
La afiliación a un sistema de salud, como el Fondo Nacional de Salud (FONASA), garantiza acceso a atención médica oportuna —tanto primaria como especializada— y protección financiera frente a enfermedades o accidentes, cubriendo exámenes, hospitalizaciones, medicamentos, tratamientos y otros gastos médicos. Este derecho no solo protege tu bienestar personal, sino que también respalda tu acceso, calidad y oportunidad de atención, conforme a la normativa GES/AUGE.
¿Por qué FONASA es importante para los/as estudiantes?
Contar con FONASA te abre las puertas a una red de atención que incluye servicios de urgencia, consultas médicas, salud mental y cobertura en medicamentos, sin importar si eres estudiante chileno o extranjero. Según tu situación, puedes acceder a afiliación gratuita o mediante cotización, siempre con el respaldo de la normativa vigente.
Los estudiantes que no perciben ingresos pueden inscribirse gratuitamente en el tramo A, presentando su cédula de identidad y certificado de alumno regular. Esto les permite acceder a atención gratuita en la red pública, entre ellas se encuentran: SAPU, SAR, CESFAM y hospitales, para mayor información visita nuestro Instagram @dse.uchile
Cobertura amplia: los estudiantes que se encuentren trabajando pueden cotizar el 7 % de sus ingresos imponibles y afiliarse a Fonasa, teniendo acceso inmediato a prestaciones de salud, incluidos salud mental.
Acceso para estudiantes extranjeros: quienes cuentan con residencia temporal pueden incorporarse al sistema mediante convenio con Migración, presentando certificado de alumno regular, incluso sin RUN definitivo. Puedes revisar más en Quiero ser FONASA.
Si tienes nombre social puedes registrarte en Fonasa y tus bonos, atenciones, certificado de afiliación se registrará con tu nombre que te identifica. Puedes revisar los detalles en el siguiente documento:
El Plan GES (o AUGE) garantiza atención integral, oportuna y económica para al menos cuatro condiciones de salud mental:
Depresión (15 años o más)
Trastorno bipolar (15 años o más)
Esquizofrenia
Consumo perjudicial o dependencia de alcohol/drogas (menores de 20 años).
Este programa asegura atención médica, psicológica, farmacológica y exámenes clínicos desde el diagnóstico hasta el seguimiento, incluyendo también los medicamentos para estas patologías. Verifica los datos en Consultar estado de garantía de oportunidad AUGE/GES
Acceso a la red pública de atención: CESFAM y COSAM
El estudiante puede acceder a la red pública de atención en salud mediante:
CESFAM (centros de salud primaria)
Puerta de entrada a salud mental y GES.
Un médico general activa la vía GES si detecta una patología, realiza evaluación inicial y si es necesario, deriva a servicios especializados o COSAM.
COSAM (Centros de Salud Mental)
Atención para mayores de 18 años.
Evaluación interdisciplinaria (biológico, psicológico y social), terapia individual o familiar, talleres, intervenciones psicosociales y tratamiento farmacológico.
Se ingresa sólo por derivación de CESFAM u otro establecimiento público.
¿Qué aseguran las Garantías Explícitas en Salud (GES) ?
El programa GES/AUGE ofrece cuatro garantías legales para estudiantes afiliados:
Acceso: recepción de atención sin barreras.
Oportunidad: plazos definidos para diagnóstico, tratamiento y seguimiento.
Protección financiera: sin copago en FONASA A/B; copago reducido en C/D; cobertura del 100 % o 80 % según el caso.
Calidad: atención por profesionales acreditados.
Una mirada desde el Trabajo Social Clínico
El Trabajo Social Clínico es un enfoque profesional que combina la intervención social con herramientas terapéuticas y psicoeducativas para apoyar a las personas en el fortalecimiento de sus recursos personales, relacionales y comunitarios. En el contexto universitario, este enfoque acompaña a los y las estudiantes en la gestión de su bienestar, fomentando la autonomía progresiva y el ejercicio informado de sus derechos en salud.
Desde esta perspectiva, se busca:
Empoderar al estudiante en sus derechos.
Fomentar la autorresponsabilidad basada en el cuidado de su salud mental.
Construir redes de apoyo: reforzando el lazo social y promoviendo el sentido de comunidad.
Promover el autocuidado: desarrollando hábitos saludables y recursos de prevención y contención emocional.
La afiliación a FONASA y el adecuado uso del sistema GES no solo brindan atención médica y protección económica, sino que también permite a los estudiantes universitarios asumir un rol activo en su salud mental que es un paso fundamental hacia la autonomía progresiva.
Este enfoque integral, con una visión de trabajo social, contribuye a formar profesionales resilientes, capaces de gestionar su bienestar, construir redes de apoyo y enfrentar los desafíos presentes y futuros con recursos internos sólidos.
Recomendaciones prácticas
Afíliate temprano a FONASA: solicita el tramo A si no trabajas o cotizas; si eres trabajador o residente, cotiza el 7 %.
Inscríbete en un CESFAM cercanoa tu casa: es tu puerta principal para atención, presenta tu Carnet de Identidad, documento que acredite tú domicilio (cuentas de luz, agua, entre otros) y certificado de alumno regular.
Infórmate sobre GESy sus garantías: copia del formulario Constancia GES, tiempos máximos, cobertura.
Conoce tu red: ubica CESFAM y COSAM más cercanos, horarios, profesionales a cargo.
Participa en instancias de apoyo: grupos, talleres, redes de pares y profesionales.
Monitorea tu proceso: lleva registro de fechas, controles, copagos y resultados.
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Autor/a
Isidora López
Trabajadora Social – Dirección de Salud Estudiantil UCH
¿Qué rol pueden tener los varones en el 8M? Más allá de hacerse a un lado, proponemos acciones para reflexionar y contribuir activamente.
Si estás leyendo este artículo, probablemente te habrá llamado la atención que hablemos de varones un 8 de marzo, y no de sus protagonistas, las mujeres.
Como es de público conocimiento el 8 de marzo se conmemora -distinto a celebración- el día internacional de la mujer en honor a las mártires de Chicago (mujeres trabajadoras que murieron quemadas en su lugar de trabajo).
Este día ha alcanzado especial relevancia los últimos años porque ha permitido visibilizar las condiciones de desigualdad en las que viven las mujeres respecto de los hombres.
En Chile, se han convertido en tradición las marchas que se realizan en conmemoración de este día, y que agrupan a mujeres y organizaciones de mujeres en los distintos centros urbanos del país. Así como actividades y conversatorios en los centros de trabajo o de estudio. Como ejemplo, este año nuestra casa de estudios realizó un panel de conversación titulado ‘Desafíos de la Agenda de Igualdad de Género en el actual contexto político y social: el rol de las universidades’ , el día viernes 7 de marzo.
Es en este contexto que resulta pertinente la pregunta: ¿qué rol tenemos – o podemos tener- los varones en un día como este?
Una de las primeras ideas que se nos puede venir a la cabeza es hacernos a un lado, no pronunciarnos o dejar que las mujeres vivan con protagonismo este día. Sin embargo, si tenemos la inquietud, la motivación o consideramos que podemos ser un aporte en disminuir las desigualdades históricas que viven las mujeres, hay acciones concretas que podemos ensayar este día (y digo ensayar porque, si queremos comprometernos con esta lucha, es necesario que podamos ejercitar estas acciones durante todo el año).
Facilita los espacios de organización y participación de las mujeres con las que convives, trabajas o estudias: puede ser desde quedarte trabajando en reemplazo de tu(s) compañera(s) de trabajo o asumir las responsabilidades que usualmente realiza tu compañera, amiga, hermana o familiar, para que estas puedan participar y organizarse este día.
Respeta los espacios separatistas: en ocasiones pensamos que el feminismo es uno solo, o que no existen diferencias en el pensamiento feminista. Todo lo contrario, existen muchos feminismos, cada uno con sus propios énfasis, con discusiones y tensiones. Si te encuentras con un espacio separatista (que solo considera la participación de mujeres, por ejemplo, en la marcha) se respetuoso, puedes participar de otro segmento de la marcha que tengan espacios mixtos.
Convoca a otros varones a reflexionar sobre el género y la sexualidad y cómo tomamos parte en ello (aquí un insumo): Puedes organizar una charla o la discusión de algún tema (con el respaldo de algún texto) y plantearte preguntas junto a otros sobre cómo podemos aportar y trabajar por la igualdad de género. Como señala el politólogo argentino, Luciano Fabbri, “para que el patriarcado caiga, tenemos que dejar de sostenerlo”.
Adopta una escucha activa: podemos tomar atención a las distintas demandas, reflexiones o malestares que las mujeres de nuestro alrededor enuncian en el marco de este día, y reflexionar sobre cómo podemos colaborar el resto del año en esta lucha por la igualdad.
Si algunas de las reflexiones o demandas que surgen en el marco de esta conmemoración te remueven o interpelan, puedes consultar en el espacio de atención de la Dirección de Salud Estudiantil y podemos organizar un taller o una charla, no solo este día, sino que durante el año.
No dudes en escribirnos con copia a los siguientes correos:
Dirección de Salud Estudiantil: <dse.uchile@uchile.cl>
Equipo Comunidad Saludable (Organización de talleres e intervenciones territoriales): <irmahumada@u.uchile.cl>
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Un análisis sobre los desafíos que nos presenta el 8M, con el propósito de repensar nuestras tareas en la construcción de un futuro más justo.
Han transcurrido casi 114 años de la primera conmemoración del Día Internacional de las Mujeres, promulgada tras una serie de sucesos históricos que convergieron en transformar el 8 de marzo en un día de reconocimientos y lucha por las reivindicaciones de mujeres del mundo ante las deplorables y abusivas condiciones salariales y laborales, su carente derecho a sufragio, el inexistente ejercicio a decidir deliberadamente sobre su cuerpo, su salud y reproducción sexual, etc.
Estos elementos nos llevan a repensar sobre los avances y las problemáticas actuales a las que aún nos vemos enfrentadas mujeres cis y mujeres trans y, en ese tenor, sobre cómo se ve desafiada la sociedad en su conjunto.
Una de las grandes referentes del feminismo, Silvia Federici, filósofa, académica e historiadora, entrevistada por la revista Palabra Pública a través de esta casa de estudios en el 2021, nos advierte como la violencia nos corta la capacidad de vivir.
Por otra parte, es necesario comprender que la erradicación de las distintas formas de desigualdades implica necesariamente favorecer un tejido social desde una perspectiva más justa, solidaria y respetuosa encaminada hacia un bien común, más allá de las múltiples diferencias existentes. Es decir, posibilita un proceso de confluencia cultural que apunta a mejores condiciones de vida colectiva para quienes componemos este cuerpo social.
Por lo anterior cabe preguntarse, ¿Cuáles eran las condiciones históricas y la necesidad de pactar un estatuto simbólico y material de un 8M?, ¿En qué se asemeja con nuestro contexto histórico? y, ¿Cuáles son los desafíos para hoy con respecto a las reivindicaciones de mujeres?
Son preguntas que exigen un análisis riguroso y que pueden ser abarcables desde distintas veredas y en extenso. No obstante, desde el alcance que permite este documento, podrá referirse un común denominador que de forma muy sucinta y de la mano de los aportes de Silvia Federici, pretenden nombrar el origen de las segregaciones, es decir, explicitar las condiciones materiales e históricas, a objeto de visibilizar sus efectos, pero ante todo, repensar las tareas que tenemos por delante en la construcción de nuestro porvenir, como también de la responsabilidad que tenemos para cimentar una sociedad capaz de hacer frente a las estructuras de poder que oprimen a la humanidad.
8M desde una perspectiva histórico-social
Recogiendo los planteamientos de Federici, el origen de las opresiones de las mujeres y de la sociedad reside en el capitalismo, en tanto, una de sus principales tareas sociales, desde sus comienzos hasta la actualidad, ha sido transformar nuestra energía y nuestras facultades corporales en fuerza de trabajo. Por consiguiente, opera como un sistema de despojo hacia las mujeres al abstrarlas de la acumulación de riquezas tanto respecto de las fuerzas productivas (remuneradas) como reproductivas (impagas como el trabajo doméstico y/o de cuidado),.
Fueron precisamente las condiciones infrahumanas que las mujeres vivían en las industrias textiles y en las fábricas manufactureras, las extensas y dobles jornadas de trabajo remunerado para tratar de cubrir las necesidades básicas de sus hogares, así como el pago desigual por la misma cantidad de trabajo en relación a los hombres, los abusos sexuales al interior de las casas patronales, el uso de mujeres como productoras de personas esclavizadas, el trabajo de cuidado, etc.
Es decir, un sistema estructural de despojo y violencia, el que ha conllevado a la necesidad de denunciar las variadas formas de degradación y requerir organizarse entre mujeres para la transformación de los sistemas de explotación.
Como expone Federici, el capitalismo crea no tan solo condiciones materiales precarias sino, instaura un orden de competencia y mecanización. De ahí que se gestan formas de alienación al transformarse las personas en una pieza de un proceso con tareas atomizadas y no en quien decide sobre el proceso propiamente tal.
Asimismo, la institucionalización de la precariedad intensifica los niveles de miedo, de ansiedad e inseguridad en las personas al promover la competencia, el capacitismo e instaurar la supervivencia en lógicas individualistas. Estos son elementos que podemos seguir apreciando en la actualidad, pero con otras formas de expresión en contextos laborales, académicos y espacios sociales en general.
El espacio universitario: Una reflexión necesaria
Es dable apreciar como la comunidad universitaria es también un reflejo de este acontecer social de individualismo y de las distintas manifestaciones de violencia de género, para lo cual la política universitaria entre sus distintos estamentos ha comprometido programas y protocolos de prevención del acoso y de las múltiples violencias. Asimismo, la segregación social ha disminuido sus brechas, en tanto, ha sido parte de la política institucional el que la universidad deje de ser un espacio para una élite. Sin embargo, implica también un desafío más global y de responsabilidad social ante las estructuras de poder.
Es plausible señalar que un sistema que ejerce violencia estructural traducido en las múltiples esferas de la vida, crea malestar subjetivo y colectivo, en términos de las condiciones materiales, de la salud mental, de la devastación de los recursos naturales, el empobrecimiento de las relaciones sociales, la automatización del trabajo, la mecanización y cosificación del cuerpo, el acoso, etc.
En definitiva, acorde a Federici un problema estructural significa que las condiciones económicas en las cuales la mayoría de las mujeres estamos obligadas a vivir nos sitúan en una posición de vulnerabilidad. Cabe destacar que en lo relacionado a las formas más graves de la violencia de género, desde inicio del 2025 a la fecha existen a nivel país 9 femicidios consumados y 47 femicidios frustrados. (SERNAMEG).
En nuestra casa de estudios un 14,7% las personas entrevistadas, declara haber vivido acoso sexual durante su proceso universitario con una prevalencia en las mujeres, acorde a lo que arrojó el primer estudio sobre acoso sexual realizado en la Universidad de Chile el año 2016.
En consecuencia, las tareas pendientes, enfatiza Federici, son esencialmente aquello que ha venido articulándose en los movimientos feministas, de mujeres y sectores populares que también hemos podido presenciar en nuestra historia más reciente, requiriéndose del fortalecimiento para:
Afianzar la capacidad de organización y de educación no sexista.
Reanimar la lucha feminista u otras en pos de la elaboración de estrategias en contra de las diversas formas de deshumanización y devastación de los recursos naturales.
El levantamiento de la valoración material y simbólica del trabajo reproductivo y de cuidado
La concentración de las fuerzas que luchan por un buen vivir y un bien comunitario con horizontes hacia la erradicación de las violencias de género.
Las ideas aquí vertidas son nociones levantadas y trabajadas no meramente por Silvia Federici sino también por variadas autoras del feminismo negro, comunitario, el ecofeminismo y tantas más, en la emancipación social por erradicar toda forma de violencia de género y toda forma de opresión.
En tal sentido, todas y cada una de las personas y de nosotras mismas, podemos fortalecer día a día desde nuestros propios espacios, nuestras aulas, nuestros territorios, comunidades, hogares, etc, y, desde nuestro quehacer, ese legado que aún no acaba de escribirse, porque no se trata solo de un 8 de marzo, sino de la vida.
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Fuentes:
Federici, S. (2015). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Ed. Traficantes de Sueños. Madrid, España.
Federici, S. (2022). Ir más allá de la piel. Repensar, rehacer y reivindicar el cuerpo en el capitalismo contemporáneo. Ed. Tinta Limón, Buenos Aires, Argentina.
Perrot, M. (2008). Mi historia de las mujeres. Ed. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, Argentina.
La forma en que nos vinculamos con quienes nos rodean y los espacios que habitamos, físicos o digitales, pueden marcar la diferencia en nuestro bienestar.
El Ciberacoso es un fenómeno de interacción entre pares complejo que conlleva serias consecuencias sociales y personales. Se trata de un tipo de bullying entre pares donde se utilizan dispositivos y medios virtuales para ejercer daños de distinto orden como:
Recibir mensajes vulgares, agresivos, amenazadores, hirientes o desagradables a través de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación)
Imágenes o mensajes degradantes, difamatorios, sexistas, racistas u homófobos a través de distintos medios de comunicación.
Suplantación de identidad virtual (por ejemplo, en Tik-Tok, Instagram, Facebook o Twitter).
Ser excluido deliberadamente de un grupo o comunidad en línea.
Las consecuencias del ciberacoso pueden expresarse en distintos registros de la vida de los jóvenes como:
Problemas emocionales: como síntomas depresivos y ansiosos, baja autoestima, sensación de amenaza hacia su confianza emocional y corporal e incluso pensamientos suicidas;
Problemas de comportamiento y académicos: como la disminución del compromiso con los estudios y del rendimiento académico, la falta de asistencia a clase y la dificultad para cumplir las tareas académicas debido a la disminución de la productividad, la autoconfianza y la concentración;
Problemas relacionales: tanto en la universidad como fuera de ella, incluido el fin de amistades y relaciones románticas.
¿Cómo podemos prevenir el ciberacoso como comunidad universitaria?
Cualquiera puede convertirse en víctima de ciberacoso. Debemos avanzar hacia una desnaturalización de estas prácticas y su silenciamiento. Entonces, si ves que esto le está ocurriendo a alguien que conoces, intenta ofrecerle soporte y apoyo.
Es importante que escuches a tu amigo(a): ¿Cómo se siente? ¿Por qué quiere o no denunciar? Cuéntale que no tiene que hacer una denuncia formal si no está preparado/a, pero que es muy importante que hable con alguien que pueda ayudarle. Puedes recordarle que las Direcciones de Asuntos Estudiantiles cuentan con profesionales y espacios de escucha donde se puede conversar sobre estos temas.
Recuerda que posiblemente tu amigo(a) se siente indefenso(a). Trátalo(a) amablemente y ayúdale a pensar en lo que podría decir y a quién. Ofrécete a acompañarlo(a) si decide denunciar lo que le está ocurriendo. Pero lo más importante es recordarle que estás ahí para él o ella, y que quieres ayudarle.
Si tu amigo(a) aún no desea denunciar el incidente, entonces apóyalo(a) tratando de encontrar las redes de apoyo pertinentes en la Universidad y también de confianza que pueda ayudarle a afrontar la situación. Recuerda que hay situaciones en las que el ciberacoso puede tener consecuencias importantes en la salud mental.
No hacer nada puede llevar a la persona a pensar que todos están contra ella/elle/él o que a nadie le importa. Tus palabras pueden marcar la diferencia.
Si bien esta entrevista se centra en lo parental, contiene varios consejos útiles para ser un apoyo ante una situación de ciberacoso.
Se espera que la entrada en vigencia de la Ley Karim sea un aporte en la prevención del acoso no solo en el ámbito laboral. Actualmente inició un proceso de consulta pública sobre algunos de los insumos que acompañarán su implementación
¿Qué puedes hacer si estás sufriendo ciberacoso en la Universidad?
Si piensas que te están acosando, lo primero que debes hacer es buscar ayuda de alguien en quien confíes, por ejemplo tu padre o tu madre, un familiar cercano u otro adulto de confianza. En la Universidad puedes hablar con un(a) psicólogo(a) de la DAE o tu profesor(a) de confianza para que te oriente sobre las redes, ya sea online o en persona.
Si el acoso ocurre en una plataforma social, piensa en la posibilidad de bloquear al acosador e informar sobre su comportamiento en la propia plataforma. Es conveniente reunir pruebas –mensajes de texto y capturas de pantalla de las publicaciones en las redes sociales– para mostrar lo que está ocurriendo.
Para que el ciberacoso se detenga, no solo hay que detectarlo. Es fundamental denunciarlo. También puede ser importante mostrar al acosador que su comportamiento es inaceptable. Recuerda que la Universidad tiene un Protocolo de actuación ante denuncias sobre acoso sexual, violencia de género, acoso laboral y discriminación arbitraria (2019).
“El contenido expuesto se proporciona sólo con fines informativos y no constituye consejo médico o de tratamiento. Si tú u otra persona que conoces presenta dificultades de salud mental, es importante solicitar ayuda. Encuentra información en la sección: Canales de Ayuda de nuestra plataforma”.
Fuentes:
Cassidy, W., Faucher, C., & Jackson, M. (2013). Cyberbullying among youth: A comprehensive review of current international research and its implications and application to policy and practice. School Psychology International: Special Issue on Cyberbullying, 34(6), 575–612.
Condeza, R., & Fontcuberta, M. (2015). Redes sociales: luces y sombras en el ámbito de la Comunicación & Educación (pp.51-78). In V. Tomé, E. Bévort, & V. Reia-Baptista (Eds.). Research on social media: a glocal view/ Investiugacao em media sociais: uma visiao glocal. Lisboa: RVJ.
Faucher, C., Jackson, M., & Cassidy, W. (2015). When online exchanges byte: An examination of the policy environment governing cyberbullying at the university level. Canadian Journal of Higher Education/ Revue canadienne d’enseignement supérieur, 45(1), 102-121.
Myers, C., & Cowie, H. (2017). Bullying at university: The social and legal contexts of cyberbullying among university students. Journal of Cross Cultural Psychology, 48(8), 1172-1182.
Ortega-Ruíz, R., & Zych, I. (2016). La ciberconducta y la psicología educativa: retos y riesgos. Psicología Educativa, 22, 1-4.