La neurodivergencia es una variación natural de la mente y una oportunidad de progreso social. Revisemos cómo avanzar hacia la inclusión.
Comprender los misterios de la mente humana es, tal vez, uno de los desafíos más grandes que ha maravillado a filósofos y científicos a lo largo de la historia. Desde pensadores griegos como Platón y Aristóteles, hasta neurocientíficos de la actualidad, han realizado intentos por describir la estructura y el funcionamiento de lo que llamamos mente.
Es así como en el curso de nuestra historia, se han hecho grandes esfuerzos en describir el funcionamiento de una “mente normal”, basado en formas de procesamiento frecuentes. Diversas estrategias, como el desarrollo de clasificaciones diagnósticas como el DSM (Diagnostic and statistical manual of mental disorder) y el CIE (Clasificación internacional de enfermedades), han contribuido a la identificación y clasificación de diversos trastornos, lo que ha permitido avanzar en su comprensión y búsqueda de tratamiento.
Sin embargo, en las últimas décadas, han surgido iniciativas que han puesto en duda la consideración de “trastornos o enfermedades” sobre un conjunto de condiciones que hoy en día entendemos bajo el concepto de neurodivergencias.
Neurodivergencias y Neurodiversidad
El concepto de neurodivergencia se encuentra en permanente evolución, por lo que actualmente no existe consenso sobre sus alcances. Una de las principales propuestas plantea que dentro de la población humana existe un neurotipo dominante o funcionamiento neurológico dominante (neurotípico), y aquellos que se desvían de este corresponderían a los neurodivergentes.
A su vez, el concepto de Neurodiversidad fue acuñado por la socióloga australiana Judy Singer en el año 2016, como metáfora del concepto de Biodiversidad:
“¿Por qué no proponer que, así como la biodiversidad es esencial para la estabilidad de los ecosistemas, la neurodiversidad podría ser esencial para la estabilidad cultural? ¿Por qué no argumentar estratégicamente que el fomento de la neurodiversidad le brinda a la sociedad un reservorio de tipos que podrían desarrollar su potencial en circunstancias imprevisibles?”.
De esta forma, el concepto de neurodiversidad incluye a los individuos neurotípicos y neurodivergentes como miembros de una sola “Biodiversidad de funcionamiento neurológico”. Dentro de las neurodivergencias se incluyen condiciones como:
- Trastorno del espectro autista (TEA). Si quieres profundizar en esta condición específica, te invitamos a leer:
- Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
- Dislexia (dificultad en relación a la lectura).
- Discalculia (dificultad para realizar operaciones matemáticas).
- Disgrafía (dificultades con la escritura).
Muchas de estas condiciones, se traducen en múltiples dificultades en el desempeño de la vida cotidiana, en ámbitos académicos, laborales, o sociales, lo que ha provocado que se asocien al concepto de “discapacidad”. Sin embargo, desde la perspectiva de la neurodiversidad, las dificultades se relacionan con la interacción entre individuos neurodivergentes y un sistema adaptado para personas neurotípicas, reconociendo que la sociedad aún no se adapta por completo a la diversidad.
Identificación y Vida Universitaria
Hoy en día, estos conceptos se encuentran ampliamente difundidos en redes sociales. Si bien el beneficio de informar es indiscutible, es fundamental ser cautelosos y evitar los autodiagnósticos. Muchas conductas de las neurodivergencias pueden presentarse en condiciones psiquiátricas que requieren tratamiento específico, como trastornos de ansiedad o del ánimo. Ante la sospecha, es fundamental consultar a un profesional de la salud mental para una correcta evaluación clínica.

Ser neurodivergente no es un impedimento para desarrollar una vida universitaria con normalidad. A continuación, compartimos algunos consejos para avanzar hacia la inclusión:
Si soy neurodivergente:
- Reconocer mis propias dificultades y fortalezas.
- De ser necesario, buscar apoyo en profesionales de la salud mental.
- Fomentar espacios de conversación sobre las neurodivergencias para generar sensibilización.
- Propiciar una comunicación más asertiva, expresando con claridad necesidades propias.
Si tengo un compañero neurodivergente:
- Reconocer que la diversidad es la norma y no la excepción.
- Actuar con respeto ante las diferencias y evitar lenguaje estigmatizador.
- Propiciar una comunicación asertiva (Ejemplo: preguntar cómo le acomoda organizar un trabajo grupal).
Adoptar un enfoque de neurodiversidad es reconocer que las diferencias son parte de la normalidad, representando una oportunidad para avanzar hacia una sociedad más tolerante que viva en armonía y fraternidad.



















