Paradojas de la masculinidad: entre el poder y la fragilidad, la salud mental

Descubre por qué expresar lo que sientes no te hace débil y cómo la salud mental en hombres es un tema importante.

Cada junio recordamos la importancia de visibilizar la salud mental masculina, como una forma de concientizar sobre un tema que todavía es visto por muchos —incluso por los propios entornos— como una muestra de debilidad.

¿Por qué pareciese ser tan difícil visibilizar este problema social? La idea de que los varones podamos tener algún problema de salud mental atenta directamente contra el ideal de fortaleza e invulnerabilidad con el que la mayoría crecemos. Esto se debe a que, a pesar de que vivimos en sociedades que esperan y preparan a los varones para ocupar espacios de poder y detentarlos, la mayoría no logra —ni tiene por qué— cumplir con las asfixiantes exigencias de lo que la cultura considera un «verdadero hombre».

Esta brecha entre la expectativa y la realidad genera un costo altísimo. Desde pequeños se nos inculcan ciertos mandatos que terminan por afectar nuestro bienestar, los cuales son reforzados por el entorno:

  • Desde pequeños se nos enseña que los hombres debemos evitar todo lo que se identifique como «femenino» (como depender y cuidar de otros, mostrar emociones o admitir fragilidad).
  • Terminamos por creer que somos, o tenemos que ser, completamente invulnerables.
  • Muchas veces la familia no prioriza nuestra salud mental.
  • Nosotros mismos minimizamos el problema considerándolo una «pérdida de tiempo», un lujo o una señal de deshonra.

Salud mental masculina: La «olla a presión» emocional

Al no desarrollar herramientas para gestionar la frustración o la tristeza, el malestar implosiona o se externaliza de forma destructiva. El teórico Michael Kaufman describe que los varones solemos desarrollar nuestra emocionalidad como si fuera una olla a presión, donde toda emoción considerada «feminizante» u oculta es reprimida y canalizada únicamente a través de la ira o el control.

No es casualidad, entonces, que las estadísticas chilenas muestren una realidad tan cruda: el suicidio en nuestro país es un fenómeno trágicamente masculinizado, concentrando el 82,4% de los casos totales (lo que significa que por cada mujer, mueren más de 4 hombres por esta causa).

Esta «olla a presión» también explica la paradoja de los diagnósticos. Según el Termómetro de la Salud Mental Achs-UC, los hombres reportan casi la mitad de síntomas depresivos que las mujeres:

  • Hombres: 9,8%
  • Mujeres: 17,4%

Esto no significa que suframos menos; significa que la forma en la que aprendemos a ser varones nos impide identificar y expresar lo que nos pasa, «enmascarando» el dolor con conductas como la irritabilidad o el consumo problemático de alcohol, que afecta al 26,3% de los hombres con sintomatología depresiva o insomnio.

El miedo a la vulnerabilidad

Muchos varones perciben que sentarse a hablar con alguien no solucionará sus problemas, o que reconocer que necesitan ayuda les hará perder su estatus frente a sus pares. Este miedo a parecer débiles es especialmente peligroso en el ámbito de la salud mental: en la medida en que postergamos y no atendemos el malestar, este termina por cronificarse en patologías mucho más severas e invalidantes.

Esta resistencia a mirarnos hacia adentro es clave en la relación con nosotros mismos y con nuestros vínculos. Antropólogos como Matías De Stefano Barbero sostienen que una de las razones fundamentales de que los hombres seamos los principales perpetradores de hechos de violencia —tanto hacia las mujeres como hacia otros hombres— tiene relación directa con la negación de la vulnerabilidad. Nos violentamos y violentamos al resto para demostrar que no somos frágiles.

Sin embargo, como bien plantea la filósofa Judith Butler, la vulnerabilidad es una condición constitutiva del ser humano. Todos somos vulnerables frente a algo o alguien; todos requerimos de un otro para vivir interdependientemente en esta sociedad.

Negarnos esta realidad es, en última instancia, una forma de negar nuestro propio lugar en el mundo. Hoy, más que nunca, necesitamos construir una sociedad que permita a los hombres hablar de nuestros malestares y canalizarlos adecuadamente. No es una pérdida de estatus; es una condición urgente para sostener nuestra propia vida y garantizar una convivencia sana con otres.

“El contenido expuesto se proporciona sólo con fines informativos y no constituye consejo médico o de tratamiento. Si tú u otra persona que conoces presenta dificultades de salud mental, es importante solicitar ayuda. Encuentra información en la sección: Canales de Ayuda de nuestra plataforma”.

Fuentes: 

  • Las siete P’s de la violencia de los hombres (Kaufman, M)
  • Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de Chile (MINSAL).
  • Caracterización de los suicidios perpetrados en Chile entre 2000-2021: una aproximación al desempeño de las políticas públicas en salud mental. (2026). Revista Andes, 1(2). 
  • 11º Termómetro de Salud Mental en Chile Estudio Achs Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales.
  • Masculinidades (im)posibles. De Stéfano Barbero, M (2021)
Salvador Bello

Autor/a

Salvador Bello Schlack

Psicólogo Equipo Género DSE

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2023, Universidad de Chile